"La carrera ENKI da la visibilidad necesaria para nuestro colectivo con diversidad funcional"

Ledicia Bao ha participado en la carrera ENKI desde la primera edición, cuando la animaron a participar en la Fundación María José Jove, uno de nuestros promotores. Este será el quinto año apoyando la iniciativa. Por esta fidelidad, entre otros motivos, es una de las protagonistas de la campaña de este año de #jugandoaganar. ¿La has visto en el spot que hicimos? Ahora hablamos con ella sobre su experiencia superando obstáculos con ENKI.

¿Desde cuándo participas en la carrera ENKI?

Desde el principio, con este llevo 5 años participando. ¡Y los que vengan, me tendréis allí!

¿Por qué decidiste anotarte la primera vez?

Me lo comentó la Fundación María José Jove, mediante su programa Esfuerza del que llevo 11 años en Vela Adaptada. El primer año que lo organizasteis me pareció interesante y muy divertido. Tanto que repetí en los años siguientes.

Durante todos estos años, ¿has notado que cada vez más gente se involucra con el proyecto ENKI?

Sí, cada año hay más demanda de dorsales para participar, cosa que me alegra un montón. También he notado que si necesitas ayuda durante la carrera misma la gente no duda en ofrecértela. Soy bastante independiente pese a mis limitaciones físicas. Aun así, necesito ayuda en la subida de la cuesta de las Esclavas. Ahí sí que no puedo subirla yo sola y siempre me ayudan.

¿Qué destacarías del evento?

El compañerismo, la locura que se crea con toda la gente congregada en Riazor, la diversión y pasar una mañana, o en el caso de esta edición, tarde, muy divertida.

Este año eres una de las personas de la imagen de la carrera. ¿Cómo has recibido la propuesta?

Una grata sorpresa. Cuando Xabi, coordinador del programa Esfuerza, contactó conmigo y me dijo que queríais hablar no entendía el porqué hasta que me lo explicasteis y, por supuesto, acepté. La tarde que se rodó mi parte, me lo pasé genial, una experiencia única y para repetir cuando queráis.

Rendimos homenaje a los obstáculos: neumático, agua, harina… ¿Con qué obstáculo te quedas?

Con todos los que se trate de mancharse: agua, harina, espuma... También están los neumáticos y cuerdas, que ponen dificultad para pasar, cosa que la gente con diversidad funcional, y usa silla, andador, o en mi caso, muleta, se encuentra en su vida diaria. Hay muchas barreras físicas que derribar, pero también las mentales, esas son las peores. Ponte en el caso de alguien mayor que ve a alguien joven o niño cuidado por su familia. Estoy bastante segura que piensa “pobres, lo que les ha tocado vivir”. Pobres no, luchadores, porque uno no sabe lo que está pasando esa familia, no está en su piel. Puse ese ejemplo, pero dale la vuelta, ¿y si son los hijos adultos quienes tienen que cuidar de sus padres o un marido/mujer a su pareja? Hay de todo y para todos.

¿Crees que eventos de este tipo consiguen poco a poco la inclusión de las personas con diversidad funcional?

Sí, al menos da la visibilidad necesaria para nuestro colectivo con diversidad funcional.

¿Cuánto queda por hacer en este ámbito?

Esta pregunta tiene tela porque da para un libro entero. Resumiendo: Adaptar toda la ciudad, pueblo o aldea a personas con diversidad funcional, pues un día eres una persona normal, tienes tu vida hecha y por un accidente del tipo que sea, o enfermedad, cambia tu vida en un instante y tienes que empezar de cero, aprendiendo las cosas básicas de nuevo, ves que no vas a recuperar tu vida anterior. Si esto pasa hay que darse cuenta de que se tiene una segunda oportunidad de vivir. ¡Vívela! No la desperdicies lamentándote todo el tiempo. Sé que no es fácil, nunca lo es, pero es una suerte tener una segunda oportunidad...

Respecto a la ciudad, se trata de adaptar los edificios oficiales con rampas o elevadores en el caso de no poder ponerla. Rebajar los bordes de las aceras en pasos de cebra a nivel del suelo, no dejando un pequeño reborde, porque ese reborde será una limitación para alguien. Sé de qué hablo, lo tengo comprobado. Adaptar el portal de las viviendas, dar ayudas para adaptar una vivienda a la persona con diversidad funcional y que respeten las plazas reservadas de la ciudad, no las utilizamos por gusto, sino por necesidad.